Un pueblo invisible: el silencio académico sobre la afroperuanidad

Updated: Jun 5, 2021

Durante mis estudios de literatura hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), jamás leímos, como parte de la malla curricular, ningún ensayo o ficción que tuviese como temática la afrodescendencia. Nunca leímos un solo texto escrito por un autor o autora afrodescendiente. Como mucho, sin mayor discusión en clase, se mencionó muy de pasada a algún personaje secundario de un cuento o novela cuya afrodescendencia pasó prácticamente inadvertida para el docente. Así, pues, el canon literario en que me formé en mis años de pregrado, acaso más pendiente de las corrientes más prestigiosas, sí incluyó el indigenismo, por ejemplo, pero escamoteó descaradamente a autores y temas afroperuanos durante toda la carrera. Incluso, las materias que abordaban ampliamente el periodo colonial excluyeron de sus sílabos el elemento afrodescendiente, el cual ha tenido notable relevancia en la producción textual de viajeros, ensayistas, poetas e intelectuales de la época.


En esos años del pregrado, el poco interés general sobre personajes y autores afrodescendientes, aunado a la escasa formación teórica al respecto, fue mitigando mis ánimos por indagar más en el tema, al menos desde lo literario. Ante la apariencia de un horizonte poco promisorio para seguir explorando mi interés por la afrodescendencia en el ámbito académico, procesos identitarios personales y el contacto con otros jóvenes interesados políticamente en lo afroperuano motivaron mi acercamiento paulatino al activismo de organizaciones de sociedad civil. El momento que marcó un antes y un después en este proceso fue la participación en 2015 en el pequeño pero significativo plantón en el centro de la ciudad de Lima para demandar la firma del Plan de Desarrollo para la Población Afroperuana (PLANDEPA). No obstante, sin duda, la experiencia personal de más intenso involucramiento político ocurrió durante el año 2017 cuando, con distintas organizaciones juveniles afroperuanas, participé activamente, en calles y centros educativos, en las campañas de sensibilización para la pregunta sobre autoidentificación étnica en el Censo Nacional de Población y Vivienda.


Pregunta de autoidentificación étnico-racial del Censo Nacional de Población y Vivienda de 2017. Fuente: Intercambio


Paralelamente a ese periodo intensamente vivido, había iniciado mis estudios de maestría en Antropología Visual, donde abrigaba la expectativa de que mis intereses tuvieran mayor resonancia. Nuevamente, salvo contadas excepciones, encontré poco entusiasmo por estudiar la experiencia afrodescendiente entre compañeros y maestros, pero ya había emprendido, casi sin proponérmelo, un furioso proceso de autoformación en cultura e historia afroperuana e, incluso, en la otrora negada literatura afroperuana. Progresivamente, luego de culminada y sustentada una tesis que abordaba ciertas narrativas de identidad afrodescendiente, los encuentros e intercambios con compañeros y compañeras del movimiento afroperuano propiciaron proyectos comunes en que pude reconciliar finalmente los intereses académicos y las motivaciones políticas. Ese recorrido de al menos un lustro –que también tuvo mucho de autodidacta–, tuvo la fortuna de consolidarse con la participación en la primera cohorte de estudiantes del Certificado en Estudios Latinoamericanos del Research Institute de la Universidad de Harvard entre 2019 y 2020. Mi formación en el programa me permitió indagar en la articulación de procesos históricos regionales en torno a la afrodescendencia en los que comprensiblemente también se inscribía el Perú.


Situación de los afrodescendientes en el Perú


Orgullosamente Somos afroperuanos - Banco Mundial en América Latina y El Caribe


Comúnmente, desde fuera, se piensa en el Perú como un país andino. Desde dentro, los peruanos se imaginan mayoritariamente como mestizos (Censo 2017). Se trata de un discurso que no solo ha calado profundamente en el país–de hecho, varias naciones latinoamericanas han vivido un proceso similar–pero que en el caso peruano ha ido forjándose con algunas características particulares y ha ido logrando un consenso popular. Sus antecedentes son las ideologías políticas de la peruanización de los incas y la apropiación cultural por parte de la elite oligárquica entre la década de los veinte y los treinta. Luego, fue decisivo el ideario del Perú como síntesis viviente del intelectual Víctor Andrés Belaúnde en la década de los cuarenta. También contribuyó la intensificación de los procesos migratorios del campo a la ciudad durante la segunda mitad del siglo XX. Así, en los albores del siglo XXI, el imaginario mestizo peruano fue robusteciéndose con el boom gastronómico y fueron ovillándose en él –compleja y paradójicamente– otros discursos como el multiculturalismo, la choledad y el emprendedurismo neoliberal.


A partir de lo planteado por Oscar Espinosa, podemos afirmar que, como comunidad imaginada desde el mestizaje, la peruanidad se concibe como un producto armónico entre un glorioso pasado prehispánico y el legado cultural europeo, encuentro amoroso entre la princesa inca y el conquistador europeo. En ese ejercicio de fantasía fundacional, como sugieren Arrelucea y Cosamalón, el componente afrodescendiente no ha tenido cabida y su agencia dentro de la vida política y social de la nación ha sido contundentemente obliterada. Esto ocurre aun cuando en la matriz cultural de buena parte del país–la costeña y la andina–habitan profundamente prácticas y usos de origen afroperuano, y muchos de los principales artefactos y productos que sostienen el orgullo nacional son construcciones históricas de hombres y mujeres afrodescendientes. Desafortunadamente, reducida a una historia de esclavitud y acicateada por la pantalla del mestizaje, se ha pretendido borrar la presencia afroperuana del devenir histórico y se la ha confinado a un pasado colonial pintoresco que pervive solo en las canciones de ciertas músicas o en los sabores de ciertos platos.


En la actualidad, según el Censo Nacional de Vivienda y Población del 2017, el pueblo afroperuano –que en el lenguaje estatal y hegemónico es nombrado como población–conforma cerca del 4% de la población. De acuerdo con el PLANDEPA, los afrodescendientes en el Perú se pueden reconocer según su ancestralidad y pertenencia a la diáspora africana, la experiencia común de esclavización y de discriminación racial, y prácticas culturales comunes. La mayoría de afrodescendientes en el Perú habitan las regiones de la costa y se concentran principalmente en Lima (26,6%), Piura (15,1%), La libertad (12,3%), Lambayeque (9,5 %), Cajamarca (7,2%), Ica (4,0%) y la Provincia Constitucional del Callao (4,6%).


Mapa Geoétnico de la concentración de la población afroperuana según Censo 2017. Fuente: Somos Afro


Mapa Geoétnico de la concentración de la población afroperuana según Censo 2017. Fuente: INEI


Históricamente, según el PLANDEPA, los y las afrodescendientes en el Perú han vivido situaciones desventajosas en comparación con otros grupos étnicos. Una de las razones fundamentales es el racismo simbólico y estructural que se manifiesta en distintos ámbitos de la vida. De acuerdo con Unicef, estos espacios de discriminación van desde el barrio, la escuela y el lugar de trabajo. De hecho, la I Encuesta Nacional: Percepciones y Actitudes sobre Diversidad Cultural y Discriminación Étnico-Racial realizada por el Ministerio de Cultura en 2018, revela que el 60% de peruanos encuestados percibe que los y las afrodescendientes son discriminados o muy discriminados, especialmente por su color de piel, su fenotipo y su asociación con la criminalidad. Siguiendo al PNUD, al ser transversales a la experiencia social, las distintas manifestaciones de la discriminación racial impiden el difrute de derechos fundamentales por parte de los afroperuanos y afroperuanas. Así, por ejemplo, como señalan autores como Ñopo, Chong y Moro; Galarza, Yamada y Zelada; y Kogan, afroperuanos y afroperuanas son confinados a empleos poco calificados o de escasa remuneración y, aun cuando poseen un título profesional, terminan compitiendo en clara desventaja frente a postulantes de otros grupos étnicos por puestos de trabajo en las empresas.


En este escenario adverso, el PLANDEPA revela que proliferan representaciones sobre los afroperuanos en base a estereotipos, los cuales, siguiendo a Espinosa y otros, establecen jerarquías de poder independientemente de si son percibidos positiva o negativamente en ciertos contextos. El estudio del PNUD reconoce que los principales estereotipos sobre los afroperuanos están vinculados con la destreza para las actividades físicas como la danza, la música y el deporte, así como con una supuesta tendencia a la delincuencia y la violencia. Además de ello, de acuerdo con las investigaciones de Reyes, los hombres afroperuanos son percibidos como sexualmente capaces y genitalmente bien dotados; en el caso de las mujeres afroperuana, autoras como Carrillo, Lewis y Muñoz recogen principalmente los estereotipos de la agresividad, hipersexualidad y promiscuidad, así como las habilidades para la cocina, y las tareas domésticas y de cuidado.


Lo afroperuano en la academia


Jóvenes afroperuanos. Fuente: IDEH PUCP


A esa invisibilidad del pueblo afroperuano, en general, la academia ha respondido con silencio y, al inicio, con desprecio. Huelga decir que ese mutismo ha sido labrado desde los primeros años de la temprana república peruana por conspicuos representantes de la ciudad letrada que se han esforzado por excluir a los y las afrodescendientes como agentes cultural y políticamente activos de la nación. Desde la producción intelectual resueltamente racista de Clemente Palma, pasando por el inadvertido discurso anti-afro de Manuel Gonzáles Prada, hasta el conservadurismo eurocéntrico de José de la Riva-Agüero, la intelectualidad peruana del novecientos imaginó una sociedad ensombrecida por la mácula del componente afrodescendiente, del cual había que despercudirse para aspirar al progreso que permitiría al Perú ser parte del concierto de las naciones modernas. Andando el siglo XX, intelectuales como José Carlos Mariátegui y Jorge Basadre desnudaron todo su racismo contra los afroperuanos al decir que “el negro” no trajo ningún aporte cultural sino solo su sensualidad, superstición y primitivismo.


En este escenario, la tradición académica peruana no ha hecho más que reafirmar estereotipos atávicos y contribuir a la marginalidad de afroperuanos y afroperuanas no solo como sujetos de estudio sino incluso como sujetos políticos. Hoy en día, ni en los primeros ciclos de formación universitaria ni en las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales ha merecido mayor atención estudiar a los y las afrodescendientes ni sus productos textuales o artefactos culturales y, menos aún, se encuentran suficientes docentes afrodescendientes. No existen cátedras dedicadas al estudio de la afroperuanidad prácticamente desde ninguna disciplina. Si no fuese por el esfuerzo denodado y solitario de jóvenes investigadores e investigadoras afroperuanos, buena parte de ellos vinculados al activismo político, así como al laborioso trabajo de un puñado de historiadores e historiadoras dedicados al tema, la experiencia histórico-social y la realidad política afrodescendiente en el Perú seguiría en las sombras.


El esfuerzo por posicionar la temática afrodescendiente en la universidad