Un pueblo invisible: el silencio académico sobre la afroperuanidad

Updated: Jun 5

Durante mis estudios de literatura hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), jamás leímos, como parte de la malla curricular, ningún ensayo o ficción que tuviese como temática la afrodescendencia. Nunca leímos un solo texto escrito por un autor o autora afrodescendiente. Como mucho, sin mayor discusión en clase, se mencionó muy de pasada a algún personaje secundario de un cuento o novela cuya afrodescendencia pasó prácticamente inadvertida para el docente. Así, pues, el canon literario en que me formé en mis años de pregrado, acaso más pendiente de las corrientes más prestigiosas, sí incluyó el indigenismo, por ejemplo, pero escamoteó descaradamente a autores y temas afroperuanos durante toda la carrera. Incluso, las materias que abordaban ampliamente el periodo colonial excluyeron de sus sílabos el elemento afrodescendiente, el cual ha tenido notable relevancia en la producción textual de viajeros, ensayistas, poetas e intelectuales de la época.


En esos años del pregrado, el poco interés general sobre personajes y autores afrodescendientes, aunado a la escasa formación teórica al respecto, fue mitigando mis ánimos por indagar más en el tema, al menos desde lo literario. Ante la apariencia de un horizonte poco promisorio para seguir explorando mi interés por la afrodescendencia en el ámbito académico, procesos identitarios personales y el contacto con otros jóvenes interesados políticamente en lo afroperuano motivaron mi acercamiento paulatino al activismo de organizaciones de sociedad civil. El momento que marcó un antes y un después en este proceso fue la participación en 2015 en el pequeño pero significativo plantón en el centro de la ciudad de Lima para demandar la firma del Plan de Desarrollo para la Población Afroperuana (PLANDEPA). No obstante, sin duda, la experiencia personal de más intenso involucramiento político ocurrió durante el año 2017 cuando, con distintas organizaciones juveniles afroperuanas, participé activamente, en calles y centros educativos, en las campañas de sensibilización para la pregunta sobre autoidentificación étnica en el Censo Nacional de Población y Vivienda.


Pregunta de autoidentificación étnico-racial del Censo Nacional de Población y Vivienda de 2017. Fuente: Intercambio


Paralelamente a ese periodo intensamente vivido, había iniciado mis estudios de maestría en Antropología Visual, donde abrigaba la expectativa de que mis intereses tuvieran mayor resonancia. Nuevamente, salvo contadas excepciones, encontré poco entusiasmo por estudiar la experiencia afrodescendiente entre compañeros y maestros, pero ya había emprendido, casi sin proponérmelo, un furioso proceso de autoformación en cultura e historia afroperuana e, incluso, en la otrora negada literatura afroperuana. Progresivamente, luego de culminada y sustentada una tesis que abordaba ciertas narrativas de identidad afrodescendiente, los encuentros e intercambios con compañeros y compañeras del movimiento afroperuano propiciaron proyectos comunes en que pude reconciliar finalmente los intereses académicos y las motivaciones políticas. Ese recorrido de al menos un lustro –que también tuvo mucho de autodidacta–, tuvo la fortuna de consolidarse con la participación en la primera cohorte de estudiantes del Certificado en Estudios Latinoamericanos del Research Institute de la Universidad de Harvard entre 2019 y 2020. Mi formación en el programa me permitió indagar en la articulación de procesos históricos regionales en torno a la afrodescendencia en los que comprensiblemente también se inscribía el Perú.


Situación de los afrodescendientes en el Perú


Orgullosamente Somos afroperuanos - Banco Mundial en América Latina y El Caribe


Comúnmente, desde fuera, se piensa en el Perú como un país andino. Desde dentro, los peruanos se imaginan mayoritariamente como mestizos (Censo 2017). Se trata de un discurso que no solo ha calado profundamente en el país–de hecho, varias naciones latinoamericanas han vivido un proceso similar–pero que en el caso peruano ha ido forjándose con algunas características particulares y ha ido logrando un consenso popular. Sus antecedentes son las ideologías políticas de la peruanización de los incas y la apropiación cultural por parte de la elite oligárquica entre la década de los veinte y los treinta. Luego, fue decisivo el ideario del Perú como síntesis viviente del intelectual Víctor Andrés Belaúnde en la década de los cuarenta. También contribuyó la intensificación de los procesos migratorios del campo a la ciudad durante la segunda mitad del siglo XX. Así, en los albores del siglo XXI, el imaginario mestizo peruano fue robusteciéndose con el boom gastronómico y fueron ovillándose en él –compleja y paradójicamente– otros discursos como el multiculturalismo, la choledad y el emprendedurismo neoliberal.


A partir de lo planteado por Oscar Espinosa, podemos afirmar que, como comunidad imaginada desde el mestizaje, la peruanidad se concibe como un producto armónico entre un glorioso pasado prehispánico y el legado cultural europeo, encuentro amoroso entre la princesa inca y el conquistador europeo. En ese ejercicio de fantasía fundacional, como sugieren Arrelucea y Cosamalón, el componente afrodescendiente no ha tenido cabida y su agencia dentro de la vida política y social de la nación ha sido contundentemente obliterada. Esto ocurre aun cuando en la matriz cultural de buena parte del país–la costeña y la andina–habitan profundamente prácticas y usos de origen afroperuano, y muchos de los principales artefactos y productos que sostienen el orgullo nacional son construcciones históricas de hombres y mujeres afrodescendientes. Desafortunadamente, reducida a una historia de esclavitud y acicateada por la pantalla del mestizaje, se ha pretendido borrar la presencia afroperuana del devenir histórico y se la ha confinado a un pasado colonial pintoresco que pervive solo en las canciones de ciertas músicas o en los sabores de ciertos platos.


En la actualidad, según el Censo Nacional de Vivienda y Población del 2017, el pueblo afroperuano –que en el lenguaje estatal y hegemónico es nombrado como población–conforma cerca del 4% de la población. De acuerdo con el PLANDEPA, los afrodescendientes en el Perú se pueden reconocer según su ancestralidad y pertenencia a la diáspora africana, la experiencia común de esclavización y de discriminación racial, y prácticas culturales comunes. La mayoría de afrodescendientes en el Perú habitan las regiones de la costa y se concentran principalmente en Lima (26,6%), Piura (15,1%), La libertad (12,3%), Lambayeque (9,5 %), Cajamarca (7,2%), Ica (4,0%) y la Provincia Constitucional del Callao (4,6%).


Mapa Geoétnico de la concentración de la población afroperuana según Censo 2017. Fuente: Somos Afro


Mapa Geoétnico de la concentración de la población afroperuana según Censo 2017. Fuente: INEI


Históricamente, según el PLANDEPA, los y las afrodescendientes en el Perú han vivido situaciones desventajosas en comparación con otros grupos étnicos. Una de las razones fundamentales es el racismo simbólico y estructural que se manifiesta en distintos ámbitos de la vida. De acuerdo con Unicef, estos espacios de discriminación van desde el barrio, la escuela y el lugar de trabajo. De hecho, la I Encuesta Nacional: Percepciones y Actitudes sobre Diversidad Cultural y Discriminación Étnico-Racial realizada por el Ministerio de Cultura en 2018, revela que el 60% de peruanos encuestados percibe que los y las afrodescendientes son discriminados o muy discriminados, especialmente por su color de piel, su fenotipo y su asociación con la criminalidad. Siguiendo al PNUD, al ser transversales a la experiencia social, las distintas manifestaciones de la discriminación racial impiden el difrute de derechos fundamentales por parte de los afroperuanos y afroperuanas. Así, por ejemplo, como señalan autores como Ñopo, Chong y Moro; Galarza, Yamada y Zelada; y Kogan, afroperuanos y afroperuanas son confinados a empleos poco calificados o de escasa remuneración y, aun cuando poseen un título profesional, terminan compitiendo en clara desventaja frente a postulantes de otros grupos étnicos por puestos de trabajo en las empresas.


En este escenario adverso, el PLANDEPA revela que proliferan representaciones sobre los afroperuanos en base a estereotipos, los cuales, siguiendo a Espinosa y otros, establecen jerarquías de poder independientemente de si son percibidos positiva o negativamente en ciertos contextos. El estudio del PNUD reconoce que los principales estereotipos sobre los afroperuanos están vinculados con la destreza para las actividades físicas como la danza, la música y el deporte, así como con una supuesta tendencia a la delincuencia y la violencia. Además de ello, de acuerdo con las investigaciones de Reyes, los hombres afroperuanos son percibidos como sexualmente capaces y genitalmente bien dotados; en el caso de las mujeres afroperuana, autoras como Carrillo, Lewis y Muñoz recogen principalmente los estereotipos de la agresividad, hipersexualidad y promiscuidad, así como las habilidades para la cocina, y las tareas domésticas y de cuidado.


Lo afroperuano en la academia


Jóvenes afroperuanos. Fuente: IDEH PUCP


A esa invisibilidad del pueblo afroperuano, en general, la academia ha respondido con silencio y, al inicio, con desprecio. Huelga decir que ese mutismo ha sido labrado desde los primeros años de la temprana república peruana por conspicuos representantes de la ciudad letrada que se han esforzado por excluir a los y las afrodescendientes como agentes cultural y políticamente activos de la nación. Desde la producción intelectual resueltamente racista de Clemente Palma, pasando por el inadvertido discurso anti-afro de Manuel Gonzáles Prada, hasta el conservadurismo eurocéntrico de José de la Riva-Agüero, la intelectualidad peruana del novecientos imaginó una sociedad ensombrecida por la mácula del componente afrodescendiente, del cual había que despercudirse para aspirar al progreso que permitiría al Perú ser parte del concierto de las naciones modernas. Andando el siglo XX, intelectuales como José Carlos Mariátegui y Jorge Basadre desnudaron todo su racismo contra los afroperuanos al decir que “el negro” no trajo ningún aporte cultural sino solo su sensualidad, superstición y primitivismo.


En este escenario, la tradición académica peruana no ha hecho más que reafirmar estereotipos atávicos y contribuir a la marginalidad de afroperuanos y afroperuanas no solo como sujetos de estudio sino incluso como sujetos políticos. Hoy en día, ni en los primeros ciclos de formación universitaria ni en las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales ha merecido mayor atención estudiar a los y las afrodescendientes ni sus productos textuales o artefactos culturales y, menos aún, se encuentran suficientes docentes afrodescendientes. No existen cátedras dedicadas al estudio de la afroperuanidad prácticamente desde ninguna disciplina. Si no fuese por el esfuerzo denodado y solitario de jóvenes investigadores e investigadoras afroperuanos, buena parte de ellos vinculados al activismo político, así como al laborioso trabajo de un puñado de historiadores e historiadoras dedicados al tema, la experiencia histórico-social y la realidad política afrodescendiente en el Perú seguiría en las sombras.


El esfuerzo por posicionar la temática afrodescendiente en la universidad


El acercamiento a la sociedad civil afroperuana organizada, el contacto cercano con diversas personas afrodescendientes de distintas generaciones, la pujante producción de investigaciones por parte de jóvenes afroperuanos academizados y un afán personal por posicionar los estudios afrodescendientes dentro de las universidades en que impartía clases, me motivaron a introducir en los cursos que ya venía dictando diversas temáticas vinculadas con el pueblo afroperuano. Quería transmitir la importancia y viabilidad de investigar los estereotipos mediáticos, el racismo estructural, la discriminación laboral, la representatividad política, la violencia interseccional, entre otros. Buscaba acaso también despertar el interés de aquellos estudiantes afroperuanos que, a cuentagotas, iban ingresando en mayor número en las universidades en que trabajaba en ese momento y que recalaban en los cursos de investigación que tenía a mi cargo. Se trataba de jóvenes de muy variadas carreras cuyas ambiciones estaban alejadas de la investigación, pero como profesor universitario sentía que aportaba algo, al menos en un curso, aunque fuese de primeros ciclos, aunque nunca más volvieran a tocar el tema en su vida universitaria.


Al cabo de unos años, sentí que los aportes para la producción académica en torno a lo afroperuano en cursos de fundamentos y metodologías de investigación siempre serían muy reducidos y decidí emprender la elaboración de una propuesta para un curso completo dedicado a tocar transdisciplinariamente la afrodescendencia, particularmente en el Perú. La experiencia en una maestría de antropología además de una labor de asesoramiento y consultoría que venía realizando, casi casualmente, con estudiantes de la Facultad de Antropología de la PUCP que organizaban anualmente la Semana Afroperuana en la universidad –congreso que cambia de organizadores en cada edición– me llevó a reflexionar sobre la necesidad de generar espacios que motivasen tempranamente el interés por estudiar lo afroperuano. Los estudiantes de facultades como Humanidades y Ciencias sociales, quienes no habían recibido información y, mucho menos, formación, acerca de cultura, historia y realidad social afroperuana, ya tenían sus propios intereses y difícilmente se abocarían a la investigación en esos temas.


Desde esas reflexiones, sentía que el curso que quería diseñar debía ser uno no especializado ni alineado dentro de una sola disciplina, sino que debía incorporar aproximaciones de ramas diversas para brindar más bien un panorama general sobre la experiencia histórica y social de los y las afrodescendientes en el Perú. Además, buscaba plantear una materia que permitiera una reflexión informada sobre experiencias intensamente vividas en el Perú –a veces poco discutidas y otras vehementemente desestimadas– como el racismo y la discriminación. En esa búsqueda, inicié la elaboración de un sílabo para el cual fue muy motivador conocer la experiencia de la profesora Ana María Molina, quien años atrás había emprendido un proyecto pedagógico similar con un curso sobre cultura e historia amazónica en el Perú. Coincidíamos en la necesidad de cursos de formación temprana en la universidad donde los estudiantes, desde el arte, la antropología, la historia, la literatura y el derecho, pudiesen tener un contacto inicial con la realidad social de poblaciones invisibilizadas tanto por el discurso estatal como por la academia eurocentrada.


Un curso para Estudios Generales Letras: Historia y cultura afroperuana



Decidí presentar el proyecto como parte de un concurso de cursos de tema libre en Estudios Generales Letras, la unidad académica donde laboro como docente. En esa ocasión, la propuesta fue rechazada. Sin embargo, el año siguiente la volví a presentar en otra categoría. A fines de ese 2019, la propuesta fue aceptada e iba a ofrecerse como curso libre el año siguiente. Prontamente, el contexto cambió de modo radical porque empezamos a vivir los tiempos de la pandemia y recortes presupuestales urgentes por parte de la universidad tornaban cuesta arriba la realización de los cursos de tema libre. Sin embargo, también corrían las semanas en que en el Perú se produjo un masivo y polémico eco mediático en torno al cruento asesinato de George Floyd, que había despertado coincidentemente el interés social por el tema del racismo. Cuando en distintos medios se desató la controversia de que en el Perú supuestamente no había racismo porque este solo existe auténticamente si se manifiesta con la violencia acaecida en Estados Unidos, sentí aún más la urgencia de discutir estos temas dentro y desde el espacio universitario. Superadas varias dificultades, el curso, ahora en modalidad virtual, finalmente se abrió en el segundo semestre académico del año 2020 con poco menos de treinta estudiantes, todos de los primeros años de formación universitaria y matriculados en distintas carreras como derecho, filosofía, historia, lingüística, sociología y psicología.


Desde una perspectiva no necesariamente decolonial, pero sí anticolonial en la medida en que pretendía descentrar lo europeo como paradigma exclusivo de la aproximación gnoseológica, concebí el curso como una aproximación desde la resistencia del pueblo afrodescendiente en los diversos períodos de la historia peruana. El curso se dividió en 3 ejes temáticos.


El primero de ellos fue Afrodescendientes en el periodo colonial e independentista. En este primer eje, se buscó sentar las bases históricas sobre los procesos socioeconómicos que condujeron al despojo, extracción, cosificación y mercantilización de los primeros africanos y afrodescendientes traídos forzosamente al Perú. Sin embargo, un punto de partida importante fue tratar estos temas desde la resistencia de los pueblos africanos y sus descendientes enfatizando la relevancia de hablar de personas esclavizadas –maestros, artesanos, curadores, sabedores, líderes religiosos y políticos– en lugar de esclavos. Luego, trazamos el panorama de la organización social y laboral de los afrodescendientes al interior del régimen colonial, así como las formas de resistencia y negociación social y simbólica tales como el cimarronaje y los litigios contra los amos esclavistas, donde cobran especial importancia las mujeres. Otro tema medular fue la interacción entre afrodescendientes y los diversos grupos étnicos de la sociedad colonial, especialmente los intercambios y alianzas con los indígenas andinos: la identidad afroandina es un tema muy poco trabajado, pero resulta fundamental para entender la historia y cultura afroperuana. Por último, hicimos un acercamiento a la invisibilizada participación de los afroperuanos en las luchas independentistas. A partir de ello, se buscó la reflexión sobre la actitud del Estado frente a la población afrodescendiente en los tempranos años de la historia republicana.


El segundo eje fue Cultura popular y representación de afrodescendientes en el Perú colonial y republicano. En este eje, nos aproximamos a las prácticas de religiosidad de los afrodescendientes en el virreinato desde la perspectiva de su agencia y organización social, el sincretismo con formas de medicina tradicional indígenas y los vínculos de estas con el prestigio y la movilidad social. En ese contexto, examinamos la relación entre la Iglesia Católica y las prácticas de fe de los afrodescendientes, así como las estrategias jurídicas alrededor de la apelación a los dogmas y sacramentos católicos en los litigios frente a la administración colonial. También, reflexionamos en torno a los mecanismos de resistencia religiosa a través de la danza y las principales manifestaciones culturales en torno al paisaje sonoro de la tardía Lima colonial.


El tercer eje fue Población afroperuana en el siglo XX y XXI. En este último eje del curso, realizamos una aproximación panorámica a la realidad social contemporánea de los afrodescendientes en el Perú. Delineamos, desde un punto de vista interseccional, sus principales problemáticas en el ámbito laboral, como personas racializadas, y como sujetos de derecho. Ello nos condujo a la reflexión no solo sobre el racismo en medios de comunicación, sino sobre todo acerca del racismo estructural. Luego, abordamos las problemáticas y desafíos en torno al género: los estereotipos, las demandas sociales y las prácticas de violencia que oprimen a las mujeres afroperuanas, las masculinidades afroperuanas y las identidades afroperuanas disidentes. Finalmente, cerramos el curso conociendo el trabajo de la sociedad afroperuana organizada y generamos reflexiones en torno su desarrollo, sus retos futuros, y su relación con el Estado y la población afroperuana.


Siendo una materia con temáticas que echaban mano de múltiples disciplinas, consideré importante incluir en las sesiones de clase la participación de especialistas y activistas, lo cual fue posible con mayor facilidad debido a la virtualidad en que se impartía el curso. Así, las sesiones sobre afrodescendientes y proyecto nacional; acervo musical afroperuano y paisaje sonoro; literatura afroperuana; ciudadanía, racismo estructural y representación política; representación en medios e imaginario colectivo; y activismo y representación política recibieron la visita de distintos investigadores y activistas.


Dentro de los márgenes que permitía la facultad, las evaluaciones del curso consistieron en una evaluación permanente tipo control de lectura, un examen parcial y un examen final. Todas las evaluaciones buscaron un desarrollo ensayístico y emplearon consignas que demandaban la articulación de las lecturas con las discusiones de clase. Aun cuando muchas sesiones de clase fueron expositivas, busqué generar diálogos en torno a los aprendizajes; varios de los textos escritos como respuesta en las evaluaciones permitieron justamente generar conversaciones y debates en clase a la vez que me ofrecieron retroalimentación sobre una serie de creencias e imaginarios en torno a los afrodescendientes por parte de los estudiantes del curso. Dos estudiantes de ese curso compartieron conmigo sus trabajos de un curso de investigación que tenían como tema justamente la población afroperuana. Actualmente, una estudiante que llevó el curso se encuentra realizando una investigación sobre el racismo interseccional desde el derecho.


Un curso para Ciencias Sociales: Afrodescendientes en el Perú y Latinoamérica



A fines del 2020, junto con el profesor Juan Carlos Callirgos, antropólogo e historiador que venía trabajando hace tiempo temas de racismo y además había impartido el primer curso de temática afrodescendiente en la PUCP –el cual se abrió por única vez en la Facultad de Antropología en el año 2013–, decidimos presentar un curso sobre afrodescendientes en el Perú y Latinoamérica como parte de un concurso de seminarios de tema libre en la Facultad de Ciencias Sociales. Con este, de alguna manera buscábamos abrir caminos para trascender esa exclusión general de lo afroperuano en las ciencias sociales y generar interés académico sobre las problemáticas de la población afrodescendiente entre los estudiantes de la facultad.


El curso se abrió en modalidad virtual durante el ciclo de verano del 2021. Estaba dirigido a estudiantes de las diversas carreras de ciencias sociales de la universidad y, en nuestra propuesta, confluyeron aproximaciones desde varias disciplinas, fundamentalmente la historia, la antropología, la sociología, los estudios literarios y los estudios de género. Nuestra pretensión era mostrar el panorama de la experiencia afrodiaspórica en Latinoamérica, pero también pasaba por insertar los estudios afroperuanos dentro del marco mayor de los estudios afrolatinoamericanos. Ello también demandó de nosotros un esfuerzo por llenar ciertos vacíos en el caso peruano, pues los estudios afroperuanos son un campo acaso embrionario y desarrollado muy desigualmente. Por ejemplo, se hizo más arduo diseñar contenidos sobre género e interseccionalidad –muy escasos en el caso de afrodescendientes en el Perú– que la mayoría de contenidos históricos –dado que existe ya un par de décadas de investigaciones sobre la esclavización y el periodo colonial.


Dividimos el curso en cinco grandes secciones. La primera la llamamos El peso de la historia: Esclavitud. En ella trabajamos el comercio esclavista, los regímenes esclavistas, la legislación colonial, los mecanismos de resistencia y negociación de los afrodescendientes frente al esclavismo, las sociedades esclavistas, los sistemas de casta, y la decadencia y abolición de la esclavitud. La segunda sección la dedicamos a trabajar la relación entre los afrodescendientes y el proyecto nacional peruano en los siglos XIX y XX. Esta fue particularmente exigente y enriquecedora a la vez porque las investigaciones sobre este periodo en el caso afroperuano son todavía magras y aquí debimos trabajar sobre la base de investigaciones similares en afrolatinoamérica. En la tercera sección nos abocamos al tema del racismo contemporáneo contra lxs afrodescendientes, donde si bien trabajamos los estereotipos en los medios de comunicación, hicimos mayor hincapié en la comprensión del racismo estructural. En esta sección, también tratamos las distintas opresiones de las mujeres afrodescendientes, así como las masculinidades afroperuanas, con lo cual enfatizamos la importancia del enfoque interseccional. En la cuarta sección, abordamos fundamentalmente la cultura popular y las manifestaciones de fe. En ella, trabajamos el acervo musical afroperuano revelando su desarrollo dentro de la matriz cultural peruana y conectándolo con procesos semejantes en otros países de la región; asimismo, nos aproximamos a las complejas relaciones que tuvieron los y las afrodescendientes en el Perú con la iglesia católica y cómo ello fue configurando espacios de agencia y resistencia como la práctica de la medicina y la producción literaria. Finalmente, cerramos la última semana del curso con activismos, organizaciones y representación política. Con ello, buscamos mostrar las dificultades para la organización civil afroperuana además de sus esfuerzos de incidencia política. En esta última sección, contamos con la presencia de una activista e investigadora afroperuana, con quien años atrás formamos el Taller de Estudios Afroperuanos precisamente en la facultad de Ciencias Sociales de la PUCP, proyecto que, por cierto, duró alrededor de un año.


La facultad nos otorgó mayor margen de acción en el sistema de evaluaciones que en mi experiencia previa con el primer curso de temática afro, así que decidimos medir los aprendizajes en base a reseñas críticas sobre un corpus preestablecido de fuentes y organizado en base a las secciones del sílabo. En un texto de tres a cinco páginas los y las estudiantes debían reflexionar críticamente sobre las ideas del autor o autora en base a lo discutido en las clases. Debían escribir tres reseñas, pero podían elegir la lectura que desearan entre la lista de fuentes de cualquiera de las cinco secciones. Así podían trabajar aquellos textos que les habían llamado la atención o los temas del curso que más les interesaban. De un lado, estas reflexiones nos permitían precisar la retroalimentación; de otro, las más interesantes, provocaban el diálogo en las sesiones de clase y motivaban cuestionamientos importantes que no necesariamente habíamos contemplado. Fue una experiencia enriquecedora y estimulante trabajar con estudiantes de facultad, algunos de los cuales andaban en búsqueda de temas para sus tesis de pregrado. De hecho, unos cuantos de ellos se comunicaron posteriormente para solicitar más información o apoyo bibliográfico sobre algún tema particular trabajado en el curso con miras a delinear proyectos de investigación propios.


Desafíos y expectativas


Sacar a la luz estos cursos universitarios ha demandado no solamente la labor propia de elaborar sílabos transdisciplinarios, sino que además ha exigido reflexiones previas sobre cómo cubrir periodos históricos pobremente investigados, cómo tratar temáticas urgentes que casi no se habían trabajado académicamente en el país, e inscribir y articular la experiencia afroperuana dentro de las grandes discusiones sobre la nación, la ciudadanía y la equidad. Esta es una labor que no hubiese sido posible sin los años de trabajo académico de investigadores e investigadoras que, prácticamente en solitario, sentaron las bases de los estudios sobre afroperuanidad y permitieron generar el corpus bibliográfico en que me he ido formando en estos años; varios de estos académicos son docentes de mi universidad. Tampoco hubiese sido posible diseñar estos cursos sin el posicionamiento del tema afroperuano en la misma universidad por parte de jóvenes investigadoras que, desde su época de estudiantes, se involucraron decididamente en el activismo político y crearon el grupo impulsor AFROPUCP. Ellas, junto al profesor Juan Carlos Callirgos, propiciaron inicialmente también el espacio anual de la Semana Afroperuana que este 2021 ya va por su décima primera edición. Necesariamente he andado sobre sus huellas y he aprendido de sus compromisos académicos, políticos y humanos.


Quiero pensar que haber logrado la apertura de estos cursos de temática afrodescendiente son el inicio de una travesía mayor en el posicionamiento de este campo de estudios en la universidad en que laboro. Anhelo que el interés institucional y de parte de los estudiantes crezca de tal modo que sea posible abrir grupos de estudio e investigación, y hasta una cátedra regular de estudios afroperuanos. Me ilusiona también que experiencias como esta puedan replicarse en otras universidades y centros de enseñanza-aprendizaje, que temas de historia y literatura afroperuana, por ejemplo, puedan finalmente incorporarse con decisión en el currículo escolar del país. Estoy convencido de que la universidad, como lugar de privilegio, no debe ser el único espacio desde donde se gestionen, dirijan y enuncien aprendizajes en torno a lo afroperuano. Algunos otros países de la región ya tienen más de una década trabajando la afrodescendencia como parte de sus programas de educación intercultural e, inclusive, dentro de proyectos etnoeducativos; propuestas pedagógicas que parecen lejanas todavía en el Perú pero que es urgente empezar a trabajar. En el final de esta travesía, una que esté a la altura de aquella resistida valientemente por nuestros ancestros afrodescendientes, también abrigo la esperanza de que jóvenes afroperuanos y afroperuanas tengan no solo acceso a su historia silenciada, sino también a más y mejores oportunidades educativas para una vida digna y el empoderamiento de un pueblo que demanda disfrutar de una auténtica y plena ciudadanía.


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